Evangelizar no es defender a Dios, sino ayudar a que la gente no se defienda de Dios. Ese fue el error de la antigua apologética. Pensar que Dios necesitaba ser defendido por nosotros. El sol no tiene que ser defendido; más bien hay que defenderse de sus rayos, cuando puede quemar. El agua torrencial no necesita ser defendida; más bien hay que defenderse de ella, cuando se aproxima a nosotros. La experiencia de Dios no ha de ser provocada; es, más bien, como decía el Pseudo-Dionisio, un "pati divina", una "theopatía".
Evangelizar consiste en ayudar a los demás a no cerrarse ante las teopatías que sufrirán en un momento u otro de su vida. La gracia impetuosa llega. Es bueno dejarse subyugar por ella.
Evangelizar es anunciar la llegada de la Gracia torrencial, de la Gracia irradiante como el sol. Es pedir que no se ofrezca resistencia a lo que trae consigo la Vida.
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